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Quizás lo más oportuno, lo más confortable sea que todas las flores
habiten el mundo de las tinieblas como poética sublime de regeneración.
¿Qué son, entonces, las pinturas, las flores de perfil esquivo?
Sin ánimos de ultimar el desenmascaramiento, las pinturas no son flores,
ni siquiera son imagen de las flores, son piruetas lingüísticas, tentativas
para atrapar perfiles efímeros, propios y ajenos, son metodologías improvisadas
para provocar un sueño en pleno desvelo, son poéticas despertadas para
escenificar ritualizaciones metafísicas sin metafísica, son estéticas
alineadas en busca de objetivos inalcanzables, en busca de conceptos
que se avienen y contravienen, en busca de objetos que anhelan ser perfil
apalabrado.
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